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Presentación
¿Utrecht? No, gracias
La trilogía Ceuta, Melilla, Gibraltar
Alegato por un Gibraltar gibraltareño

Empezando por el final
  • Es muy posible que estas palabras constituyan el final de las actuaciones y los escritos sobre el contencioso de Gibraltar que han ocupado una parte no desdeñable de mi vida. El lector que se moleste en recorrer las partes de esta web podrá ver que siempre he sostenido, a contracorriente de lo considerado políticamente “correcto”, el derecho de los gibraltareños a decidir de su presente y de su futuro y la necesidad de que el Gobierno de España accediera a entablar negociaciones directas con los representantes de la población del Peñón para encontrar solución a las quejas de una y otra parte en un clima de amistad y cooperación. Parece que esta ha sido finalmente la opción del presidente Rodríguez Zapatero y de su ministro Moratinos.
  • Indudablemente, la rotunda frustración de las expectativas suscitadas por Aznar ha contribuido a este resultado. Nunca en tres siglos, con una excelente sintonía política y personal entre los jefes de los gobiernos español y británico, habían parecido los hados más favorables a la satisfacción de la vieja reivindicación del nacionalismo español. Y sin embargo, al final de la era Aznar, todo seguía igual.
  • Henos aquí pues ante el comienzo, todavía tímido, de la anhelada era de entendimiento hispano-gibraltareño. No negaré una cierta complacencia por cuanto los acontecimientos parecen darme la razón. Pero tampoco ocultaré un cierto desencanto en relación con un punto que yo consideraba de extrema importancia para la aplicación de la nueva política, y que se resume en la siguiente consideración que presenté al Sr. Moratinos lo mismo que a sus antecesores:
    “…habría que poner mucho cuidado en no presentar la introducción de un nuevo clima de sosiego y convivencia pacífica como obra de un solo partido, sino de un consenso lealmente alcanzado entre las diversas fuerzas. Están en juego intereses importantes de España y de la comunidad internacional en la generación actual y en las futuras, y el tema no debe utilizarse como arma para la lucha entre partidos.”
  • No ha sido así, con el consiguiente peligro de que la alternancia de partidos en el gobierno lleve más pronto o más tarde a un nuevo bandazo de nuestra política, en este como en otros asuntos. Toquemos madera.
  • Es probable, en todo caso, que esta web –cuyos juicios, apreciaciones, propuestas y orientación general siguen siendo vigentes– ya no se renueve, y quede como documento para la historia.

    Mayo de 2005
Gonzalo Arias
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